Bach (presidente del COI): teléfono del “Mariscal”

1924. Uruguay comienza a recorrer el camino de la gloria. ¿Dos medallas doradas olímpicas y una Copa del Mundo? El primero de los jugadores parados desde la izquierda es Héctor Scarone, el tercero es Pedro Cea, el quinto es José Leandro Andrade, el sexto es Pedro Petrone y el octavo, José Nasazzi. Hincado, en el extremo izquierdo, Santos Urdinarán. Ahí están, esos son…

«Sería fantástico que Lionel Messi pudiera estar (en París 2024). Los Juegos (Olímpicos) son una ambición de muchas estrellas del fútbol, como Kylian Mbappé. Para Lionel Messi significaría una oportunidad de escribir la historia otra vez. Podría ser el único jugador de la historia en tener dos medallas de oro olímpicas y la Copa del Mundo”.

Si esta frase la  hubiese dicho algún hincha despistado o sin conocimientos de la historia del fútbol, no hubiese sucedido nada. Puede pasar. Tampoco somos quiénes para pedir carnets de suficiencia a los apasionados del deporte.

Sin embargo, esta frase le pertenece al alemán Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional, lo que demuestra un preocupante desconocimiento de una historia que, en materia futbolística, Uruguay escribió con letras doradas en 1924, 1928 y 1930.

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Jugador de selección, brilló en Danubio y Peñarol. Grande entre los grandes.

Desde pibe le corrió fútbol por sus venas, tal vez por ello, a pesar de tener otras posibilidades fue futbolista. Nació y vivió sus primeros años en el Cordón, pero cuando tenía 12 años se mudó justo atrás de la actual sede social danubiana.

“Lito” fue un jugador moderno e inteligente, que podía jugar como volante ofensivo o delantero. Con la virtud del oportunismo, del desmarque permanente, capaz de realizar una oportuna pared para crear el espacio para el compañero y dueño de un sorpresivo pique cortito.

Futbolísticamente dio a luz en Canillitas en 1954, pero dos años más tarde fue adquirido por Danubio en la friolera de 500 pesos. Una cifra increíble para un jugador de divisiones inferiores, no sin antes tener que soportar alguna dificultad, según recuerda Lito: “Danubio me había puesto el ojo, pero Canillitas no me dejaba ir, por ese motivo largué el fútbol, ya había comenzado a estudiar electrotecnia y me puse a jugar al basketball en Larre Borges. La gente de Canillitas no lo podía creer, aunque al final aflojaron, es que había que pagar 500 pesos por un purrete como yo.”

Con la franja en el pecho comenzó una exitosa carrera deportiva que lo llevó a jugar en la selección y en el exterior. Tras jugar un año en la 5ta división, en 1957 lo empiezan a utilizar también en 4ª, 3ª y Reserva llegando a jugar hasta tres partidos por fin de semana. 

El entrenador “Nino” Corazzo, se lo quiso llevar al plantel principal, pero “Lito”, de fuerte personalidad, dijo que sin contrato no jugaba, entonces retornó a las inferiores, pero al poco tiempo, a fuerza de goles se ganó el contrato y debutó en Primera con sólo 17 años. Aunque se afirmó en el primer equipo, tras regresar del campeonato sudamericano juvenil que se disputó en Chile en 1958 y que Uruguay se clasificó Campeón invicto.

En 1959, tras el recordado lío con Liverpool, el club danubiano fue sancionado y descendió a la divisional “B”. En el Campeonato Uruguayo de Segunda división de 1960, pese a que fue condenado a jugar siempre en carácter de visitante, Danubio que tenía un gran equipo y “Lito” era puntal y además el goleador, logró el campeonato y el rápido retorno al círculo de privilegio.

Su personalidad, condiciones y goles, comenzaron a despertar el interés de clubes del exterior como San Lorenzo de Almagro y la Roma de Italia, pero finalmente en el año 1964, fue transferido a Peñarol, donde también dejó importante huella. Con los aurinegros fue Campeón Uruguayo en los años 1964, 1965 y 1967, además, de consagrarse Campeón de la Copa Libertadores e Intercontinental de 1966.

Luego de jugar con gran éxito en el fútbol brasileño, a diez años de su partida, pero con la misma calidad de aquel pibe adolescente, regresó al equipo de la Curva de Maroñas para jugar por casi dos temporadas. “En Primera división, nací y morí con la camiseta de Danubio. Debuté a los 17 años y terminé con la albinegra en el pecho con 35 carnavales”, rememoraba Silva.

Entre 1961 y 1969 defendió a la selección mayor de Uruguay, totalizando 29 partidos y convirtiendo 7 goles. No jugó la Eliminatoria, pero sí el mundial de Chile ‘62, aunque no sería el único, pues también, participó del Mundial de Inglaterra ‘66. Además disputó las Clasificatorias para el Mundial de 1970 en México, pero lamentablemente una fractura defendiendo a Uruguay ante Paraguay, lo dejó fuera del plantel mundialista.

Años más tarde, retornó al club de la franja negra, para dirigir al equipo principal con el que consiguió el subcampeonato en el Torneo República en el año 1979. En 2005, asumió como supervisor de las divisiones juveniles danubianas, cargo que ocupó hasta 2011.

Fecha y lugar de nacimiento: 1 de febrero de 1940 en Montevideo

Fecha de fallecimiento: 29 de agosto de 2015

Trayectoria como jugador: Canillitas 1954, Danubio 1956-1963 y 1974-1975. Peñarol 1964-1970, Palmeiras 1970-1972, Portuguesa 1972-1973.

Con la Selección Uruguaya jugó los mundiales de 1962 y 1966.

Títulos como jugador:

Danubio: Campeón Uruguayo de la divisional “B” en 1960.

Peñarol: Campeón Uruguayo 1964,1965, 1967 y Campeón de América e Intercontinental de 1966.

Palmeiras: Campeón Nacional 1970

Selección Juvenil: Campeón Sudamericano 1958.

Trayectoria como entrenador

Danubio 1979, Selección de la “B” 1982-1983, Rentistas 1984-1985 y 1998-2002.

Supervisor divisiones juveniles de Danubio 2005-2011.

Títulos como entrenador:

Danubio: Vice campeón Torneo República 1979.

La Copa Río Branco, algo más que un torneo amistoso entre Uruguay y Brasil

1940. Uruguay conquista por primera vez la Copa Río Branco… ¡y en Brasil!

Pudo haber sido un simple torneo amistoso de fútbol disputado entre dos poderosos seleccionados sudamericanos entre 1931 y 1976 en 10 ediciones.

Pudo haber sido apenas un torneo que se definía, al principio, en un partido y, en el resto, en dos y que alternaba los países en los que se celebraba.

Pudo haber sido un torneo que varió su formato, que tuvo más o menos motivaciones para disputarse y que presentó combinados más o menos potentes.

Sin embargo, la Copa Río Branco, o Taça Rio Branco, tuvo una silenciosa importancia en muchas partes de la historia desde que fue instituida por autoridades orientales en 1916, más allá de que comenzó a celebrarse en 1931 organizada por la Confederación Brasileña de Fútbol (originalmente Confederación Brasileña de Deportes) y la Asociación Uruguaya de Fútbol.

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Copa América 1917: Doblete y la primera (de tantas) en casa

Los campeones. Parados, de izquierda a derecha: Jorge Pacheco, José “Cochemba” Vanzzino, Cayetano Saporiti, Grgeorio “Ensalada” Rodríguez, Manuel “Japonés” Varela y Alfredo “Mariscal” Foglino. Hincados, en el mismo orden: José “Botija” Pérez, Héctor “Rasquetita” Scarone, Ángel “Loco” Romano, Carlos “Rasqueta” Scarone y Pascual “Rata” Somma.

En 1917, Uruguay obtuvo por segunda ocasión consecutiva el título de campeón sudamericano tras el conquistado en 1916 en Buenos Aires. De esta forma, consolidaba su condición de potencia continental y lo hacía luego de vencer en su propia tierra, en la que, a partir de ese momento, jamás sería derrotado por Copas América. Precisamente, la edición de 1917, llevada a cabo en un nuevo e imponente estadio (Parque Pereira), puso en juego por primera vez el ya clásico trofeo.

LA GÉNESIS. EN MONTEVIDEO SE PONE EN MARCHA LA CSF

El sábado 16 y el domingo 17 de diciembre de 1916, se llevaron a cabo en la sede de la Asociación Uruguaya de Football las reuniones del Consejo de la Confederación Sudamericana de Fútbol. Se decidió que, a partir de 1917, se disputaría anualmente el Campeonato Sudamericano, fijándose la ciudad de Montevideo como próxima sede. Se encomendó a Héctor Rivadavia Gómez-presidente de la CSF- la adquisición de la Copa América que sería puesta en juego en la competencia, trofeo que quedaría en custodia del ganador hasta su nueva disputa.

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Scarone, la histórica pesadilla argentina que le calcó el gol 20 años después

José Piendibene es el máximo goleador uruguayo ante el seleccionado argentino con 18 tantos en 36 encuentros. Sin embargo, el máximo azote albiceleste en su historia (sí, leíste bien: historia) se llama Héctor Scarone.

“Rasquetita” le marcó 13 goles en 28 encuentros, pero lo suyo no se limitó solo a las conquistas en la red: su influencia fue total dentro del campo de juego… pero también afuera.

Basta con repasar la palabra de un símbolo argentino como el poderoso centre-half Luis Monti, “Doble Ancho”, rival en mil y una batallas del crack charrúa.

«De todos los adversarios que enfrenté, el único que no me dejaba dormir por las noches era Héctor Scarone».

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